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JÓVENES MISIONEROS EN EL CHOCÓ

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La Semana Santa pasó y dejó su huella en cada uno de nosotros. Algunos descansaron, otros viajaron y otros hicieron misión.

Un grupo de trece estudiantes, el docente Luis Carlos Marín y el Padre Gustavo Maury, se aventuraron en un viaje, una misión de diez días en el departamento del Chocó, específicamente en el municipio de Condoto y sus zonas aledañas.

En un viaje de 16 horas en bus y acompañados por un equipo de Ciudad Don Bosco, recorrimos las vías que nos conducirían a nuestro destino, alejándonos cada vez más de todo aquello de lo que disponemos en cada uno de los hogares. Hora tras hora y como misioneros, nos adentrábamos más en el amor de Dios.

Llegamos al Hogar Salesiano de Condoto, junto con un equipo misionero de Dosquebradas, Pereira, comenzó tan anhelada tarea que nos habían encomendado, llevar la palabra de Dios a quien la necesita.

El 9 de abril, Domingo de Ramos, a las 7:00 am y con la mejor energía, abordamos el bote que nos llevaría por el río Condoto hasta cada uno de sus destinos. Unos hacia el río Tajuato, en las comunidades de Soledad, Consuelo y La Planta; otros, por el mismo río Condoto hacia el Paso y Santa Ana y los demás hacia Vira Vira y Alto Bonito, comunidades indígenas a las que acompañarían los misioneros de Pereira.

Mientras tanto, en las comunidades del Tajuato se sintió la alegría y calurosidad Cejeña. Por cada lugar donde pasaban nos saludaban como amigos, lo que hizo que nuestros corazones se estremecieran y se alegraran de estar ahí.

Comunidades hermosas, alegres, con adultos, jóvenes y niños dispuestos, participativos, amorosos y amables, espléndidos en todos los sentidos. Y aunque desprenderse de las comodidades no es nada fácil, dimos lo mejor de nosotros, con largas caminatas, comida extraña, bichos, calor y cansancio; todo desde un corazón abierto y entregado por aquellas comunidades.

Aprendimos a amarlos, a cuidarlos, a convivir y a respetar, a trabajar en equipo y como familia. La escritura nos dice “El que ama es hijo de Dios y conoce a Dios… Él nos amó y envió a su hijo por nuestros pecados… si a tal extremo ha llegado el amor de Dios para con nosotros, también nosotros debemos amarnos mutuamente” 1 Juan 1, 7 -11

Los misioneros amamos y fuimos amados. ¿Qué más que eso para servir? Estos hermanos nuestros conocieron a Dios, son hijos de Él, así como todo el que ame a su prójimo lo es.

El amor va más allá de un detalle o una relación, el amor es puro y hermoso. Está en todos y es para darlo a los demás. Solo así seremos mejores y comprenderemos el arte de vivir como hermanos.

La invitación está presente para todos aquellos que quieran sentir y vivir la experiencia amorosa de la misión, del desprendimiento y aventura que ésta conlleva. Animarse es solo el primer paso, amar es el objetivo y tú eres el medio.

Con cariño, Victoria Osorio, Misionera grado 11°